segunda-feira, 27 de setembro de 2010

Oscar Niemeyer, la mirada incansable


André Luiz Mello/File

Tras superar con holgura el siglo de vida y casarse con una mujer 40 años menor, el ícono del urbanismo moderno continúa trabajando y no duda en cuestionar el estado actual de una de sus mayores intervenciones: Brasilia

La Nación - Por Sebastián Montalvo / El Mercurio / GDA
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Alos 102 años, el legendario arquitecto brasileño reflexiona sobre la proximidad de la muerte: "Espero que me encuentre con serenidad". Pero, fundamentalmente, desde su casa en Río de Janeiro de lo que habla es del cincuentenario de Brasilia, ciudad que creó y que hoy ve con decepción, y sobre el rol de la arquitectura en la sociedad.

Poco antes de cumplir los cien, Oscar Niemeyer tomó una decisión radical: en adelante, no haría nada que no le agradara. Por ejemplo, las entrevistas. Por su aniversario, las solicitudes de prensa estaban llegando a cada rato. El gran ícono mundial del modernismo alcanzaba el siglo de vida sin perder una gota de lucidez y aún diseñando proyectos. Es más: a los 98 se había casado por segunda vez, con su secretaria de siempre, 40 años menor: Vera Lucia Cabrera.

El arquitecto de las líneas curvas, el que decía inspirarse en las montañas de su país, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida, quería una pausa. Pasaron dos años antes de que las solicitudes de entrevistas volvieran. Pero esta vez para hablar sobre Brasilia, la capital de Brasil que, junto con el urbanista Lucio Costa, levantó en medio de la nada y que el 21 de abril celebró sus primeros 50 años.

"Claro que estoy satisfecho por estar presente en este momento. Tengo mucho cariño por esta capital y por los brasileños", dice, por mail, desde su departamento en Ipanema, Río de Janeiro. Niemeyer sabe que estar presente y ser testigo de cómo resplandecen sus más de 500 obras alrededor del mundo es un privilegio. Y que eso se lo debe, en parte, a Vera. Ella lo cuida y lo ayuda a editar la revista de arte y arquitectura Nosso caminho, donde publica sus proyectos. Aún sigue diseñando y, cuando puede, va a su oficina en Copacabana, donde nietos y bisnietos le ayudan a ejecutarlos. Entre sus últimos trabajos se cuentan el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, en la localidad de Avilés, España (considerado su mayor proyecto en Europa), y el rediseño de la llamada Praça da Soberania, una polémica obra que se construiría en la Esplanada Dos Ministerios de Brasilia para el cincuentenario de la ciudad, pero que se postergó por su alto costo y por las críticas que hubo entre arquitectos locales, que reclamaron que no había habido concurso previo: el gobierno federal se lo otorgó, así sin más, al mismo de siempre, a Oscar Niemeyer. El prefiere no entrar en ese debate. Sólo anuncia que continuará en el proyecto. "La arquitectura todavía me absorbe casi totalmente. Mi tiempo libre lo llenan la lectura y las conversaciones con amigos", confiesa. También le apasiona la cosmología. Toma clases hace cinco años con el físico Luiz Alberto Oliveira. "¡Cómo me entusiasma apreciar el contraste entre la grandeza del cosmos y la situación del ser humano, frágil, siempre corriendo el riesgo de desaparecer!"
Dibujar con los dedos en el aire

Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho nació el 15 de diciembre de 1907 en Laranjeiras, Río de Janeiro. Desde niño le encantó dibujar: cuando tenía 10 años solía hacerlo con sus dedos en el aire. Podía imaginar los dibujos e incluso corregirlos. "Ahora pienso diferente -dice-. La arquitectura está en mi cabeza. Soy capaz de hacer un proyecto sin usar un lápiz-. A los 21, cuando terminó el colegio, se casó con Annita Baldo, la mujer de quien enviudó en 2004. Con ella tuvo sólo una hija, Anna María (quien le dio cinco nietos, trece bisnietos y cuatro tataranietos). Tras graduarse como ingeniero arquitecto en la Escuela de Bellas Artes de Brasil, en 1934, comenzó a trabajar en el estudio del urbanista Lucio Costa. Allí conocería al futuro presidente Kubitschek, entonces alcalde de Belo Horizonte: en 1940, él le encargó la construcción de una iglesia a orillas del lago Pampulha. El resultado -un templo de novedosas líneas curvas adoptadas de la arquitectura modernista de Le Corbusier- le dio fama casi al inicio de su carrera. Años después trabajaría en el diseño de la sede de la ONU junto al propio Le Corbusier.

Fue en esa época cuando Niemeyer "salió a la vida" y vio que "el mundo era injusto", como ha dicho. Ateo e idealista, en 1945 se enroló en el Partido Comunista de Brasil, militancia que mantiene hasta hoy, la misma que durante la dictadura militar en los 60 le significó años de exilio en Francia (volvió a Brasil dos décadas después), y que llevó a Fidel Castro a decir que ellos eran "los últimos comunistas del planeta". Oscar Niemeyer hoy todavía cree firmemente en las utopías marxistas. "El marxismo contiene un mensaje imposible de despreciar. Alude a la posibilidad de un mundo más justo y solidario", sostiene. De hecho, la construcción de Brasilia, en 1960, nació producto de esas utopías. La idea del urbanista Lucio Costa -quien cuatro años antes había ganado el concurso promovido por el presidente Kubitschek para construir la nueva capital que reemplazaría a Río de Janeiro- era crear una ciudad moderna y perfecta, donde cada calle y conjunto habitacional fueran igualitarios, sin distinción de clases sociales. "Brasilia fue un momento extraño: vivíamos junto a los operarios, frecuentábamos los mismos clubes nocturnos, con la misma ropa -dijo Niemeyer en una entrevista-. Aquello daba una idea de que iba a desaparecer la barrera de clases. Pero era un sueño. Después vinieron los políticos, los hombres de dinero. Todo recomenzó: esa injusticia tan inmensa, tan difícil de reparar." Brasilia fue planeada para 500 mil habitantes, pero hoy viven allí más de dos millones de personas. Alrededor del llamado Plano Piloto ideado por Lucio Costa surgieron espontáneamente una veintena de ciudades-satélite, el transporte público no da abasto y los brasileños acomodados han salido de las supercuadras (el tipo de organización vecinal ícono de Brasilia, que suponía que todo estaría allí dentro: el colegio, el supermercado, la iglesia) para construir las casas en sitios más exclusivos y llevar a sus hijos a colegios privados. Sus habitantes han visto cómo en su ciudad se suceden los escándalos de corrupción: el más reciente, este año: la detención del gobernador de Brasilia José Roberto Arruda, acusado de intento de soborno a un testigo en la investigación de una red de tráfico de influencias en el gobierno del Distrito Federal. "El crecimiento desordenado de esta metrópolis, los problemas asociados con la densidad demográfica y la profundización de las disparidades y contrastes sociales han ensombrecido la vida de la nueva capital", reconoce hoy.

El fallecido intelectual brasileño Darcy Ribeiro dijo una vez que Niemeyer será el único compatriota que se recordará en los próximos 500 años. "Es ridículo ese asunto de darse importancia", ha dicho él. Sus pares lo han elegido el mejor arquitecto del siglo XX y ha recibido el premio de la Unesco en la categoría Cultura, entre decenas de reconocimientos. Sin embargo, su obra nunca ha estado ajena a las polémicas. "Cuando la arquitectura está bien hecha, es fácil de comprender. Mi arquitectura es así: con preocupación por la belleza. Quiere ser bonita, lógica y, principalmente, inventiva. A quien va a Brasilia le puede gustar o el Palacio. Pero lo que no puede decir es que vio antes cosa parecida." De todas formas, hoy está convencido de que la arquitectura jamás podrá cambiar a una sociedad, sino al contrario. "Si un día la sociedad se revelase más justa, habrá mejores condiciones para que los arquitectos conciban grandes obras públicas que todos los ciudadanos puedan usufructuar", dice.

Niemeyer cree que aún no ha hecho todo lo que soñaba. Uno de los proyectos que le gustaría emprender es un gran estadio de fútbol para la Copa del Mundo de 2014. Sin embargo, sabe que cada vez le queda menos tiempo de vida. "Tengo un sentimiento de rebeldía sobre ese destino que nos afecta a todos -confiesa-. Me gustaría tener la serenidad de Manuel Bandeira, quien así se expresó en un poema: Cuando la Indeseada de las Gentes llegue/ yo le diré: Hola, ineludible/ (...) Encontrará la casa limpia/ la mesa puesta/ cada cosa en su lugar." Después de vivir un siglo, Niemeyer ya comienza a ensayar su epitafio. "Me gustaría ser recordado como un hombre que pasó más de seis décadas sobre la mesa de trabajo, preocupado por su arquitectura, pero siempre listo para contribuir a la lucha política, a la superación de este régimen de clases que creó el capitalismo y que desmerece a la humanidad -dice-. Como alguien que siempre consideró que la vida es más importante que la arquitectura."

Lula, "Había una vez un niño muy pobre..."



Retrato del hombre y líder popular antes que del presidente, la película más cara de la historia del cine brasileño se estrena aquí a una semana de las elecciones generales en el país vecino. Luiz Carlos Barreto, mentor de El hijo de Brasil , contó a LN R mucho más sobre esta historia, que podría empezar como un cuento de hadas

Por Alberto Armendariz (corresponsal en Brasil)
La Nación (26/9/10)

RIO DE JANEIRO.- Acostumbrado a recorrer el mundo desde los años 50, primero como periodista de la revista O Cruzeiro y luego como productor cinematográfico, al empresario Luiz Carlos Barreto siempre le preguntaban, en sus viajes, por el carnaval de Río de Janeiro, las garotas de Ipanema, Pelé, Garrincha, Niemeyer y Senna; las postales más conocidas de Brasil en el exterior. Nunca nadie se interesaba por la política de su país..., hasta el año 2002, cuando Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones presidenciales.

"Era impresionante; los porteros de los hoteles, los taxistas, los empresarios y hasta las figuras artísticas comenzaron a preguntarme mucho sobre él. Fue entonces cuando me di cuenta de que sabía muy poco de su historia personal; conocía su carrera política como líder sindical que había luchado contra la dictadura, pero no sabía mucho del hombre detrás de esa historia", cuenta Barreto, de 82 años, a LNR, en una entrevista para conocer los orígenes de la película Lula, el hijo del Brasil, que él produjo, su hijo Fábio dirigió, y que se convirtió en el film más caro de la historia de Brasil.

La película está basada en el libro homónimo de la socióloga Denise Paraná, quien había sido asistente de Lula cuándo éste comandaba el Sindicato de Metalúrgicos. A Barreto le recomendó leer el libro su amigo y ex periodista Gilberto Carvalho, hoy secretario privado del presidente de Brasil. Cuenta los orígenes de Lula hasta que es elegido mandatario, y la fuerte relación que lo unía a su madre, Eurídice Ferreira de Melo, familiarmente conocida como "Dona Lindu". La veterana actriz Gloria Pires interpreta a la madre, y el novato Rui Ricardo Dias hace el papel de Lula.

En el amplio departamento de Barreto frente al parque Guinle, en el barrio carioca de Laranjeiras, se respira cine. Decenas de fotos con actores y directores, locales e internacionales, descansan sobre un gran piano de cola en medio de living. Libros sobre la historia del séptimo arte, guiones y cientos de DVD inundan la biblioteca de quien es considerado uno de los mayores productores de cine de Brasil, detrás de títulos que marcaron época, como Qué sabroso era mi francés (1971), de Nelson Pereira dos Santos; Doña Flor y sus dos maridos (1976), dirigida por su otro hijo, Bruno (la película brasileña más exitosa de todos los tiempos); Bye Bye Brazil (1979), de Carlos Diegues, y las nominadas a premios Oscar como Mejor Película Extranjera El cuarteto (1995) y Cuatro días en septiembre (1997), dirigidas por Fábio y Bruno Barreto, respectivamente.

A un lado del gran ventanal con espectaculares vistas al Pan de Azúcar, una fotografía de Lula con Carlos y Fábio Barreto ocupa un lugar especial. Con cierta melancolía, Barreto la muestra y recuerda que fue tomada justo después de finalizar el rodaje, que los llevó desde las humildes tierras de Pernambuco donde Lula nació hasta el cinturón industrial de San Pablo, donde se volvió líder de los metalúrgicos primero y luego del Partido de los Trabajadores (PT).

Poco después de que aquella imagen tripartita fuera registrada, la noche del 19 de diciembre del año pasado, Fábio Barreto sufrió un accidente automovilístico en el barrio de Botafogo que lo dejó en coma hasta ahora. "Está mejor, con sus neuronas recuperando la actividad poco a poco. Entra y sale de su estado de inconsciencia todo el tiempo", explica su padre.

En medio del drama familiar, frente a la crítica de los medios que acusaban a los Barreto de haber hecho propaganda del gobierno y con la gran expectativa de los distribuidores, Lula, el hijo del Brasil se estrenó en su tierra el 1° de enero de este año. La reacción del público fue decepcionante. Si bien se esperaba que la vieran entre 3 y 7 millones de personas, en los cines tuvo 1,1 millón de espectadores.

"La película fue víctima de muchos errores nuestros. El 80% de los errores comerciales nos pertenecen, y el otro 20% los atribuyo a la politización que hicieron los medios", explica Barreto.

Entre las equivocaciones que reconoce como propias, señala como la más importante la fecha de estreno, porque el film tuvo que competir con la arrasadora Avatar, de James Cameron. Y, encima, en plenas vacaciones, cuando todos prefieren ir a ver comedias o películas de acción, o acompañan a sus niños en plan de aventuras . Pero la cobertura de los medios aportó otro tanto al "fracaso".

"Hubo una clara intención para caracterizar la película como un panfleto propagandístico. Creo que si hubiésemos lanzado el film en enero próximo, con Lula ya fuera de la presidencia, la historia hubiera sido bien distinta."

-¿No se les había ocurrido que sería politizada, sobre todo en un contexto de precampaña, cuando Lula buscaba promocionar a su ex jefa de Gabinete, Dilma Rousseff, como candidata a sucederlo?

-Muchos amigos y socios me dijeron de esperar, pero yo no tengo el vicio latino de homenajear sólo a los muertos. No quería esperar a que Lula se muriera o dejase el poder; Lula siempre tendrá poder, aun cuando muerto, como sucede con Getúlio Vargas o con Perón. En verdad, la película es la historia de una madre. Lula no es ni marxista ni leninista; no tiene una ideología específica. Su ideología de vida viene de su madre; el film está marcado por frases de filosofía popular de ella, una analfabeta, y cómo lo empujó a avanzar, a ser mejor. Es una historia clásica de superación humana. Podría haber empezado como cualquier cuento de hadas... "Había una vez un niño muy pobre...". Pero no es una biografía, es un retrato de sólo una parte de su vida. Terminamos la trama justo cuando murió su madre y agregamos el epílogo de cuando él fue elegido presidente para darle mayor contexto.

-¿No cree que si aún está en ejercicio de cierta manera rinde culto al presidente?

-La película no tiene ninguna intención de glorificar a Lula; lo muestra como un ser humano, con los defectos y virtudes de cualquiera. El mismo dice en una parte que lo que tiene de bueno se lo debe a su madre y lo malo, a su padre. Lo que mostramos en la película no es más que un 10% de las maldades que su padre hizo. Es más, en un momento, de niño, casi lo mató con un golpe de remo. La familia, los hermanos, nos ayudaron mucho desde el punto de vista del archivo. Y con Lula tuvimos un encuentro para despejar algunas dudas que sólo él podía confirmar o negar.

-Aunque la película no recibió apoyo financiero del Estado, se le criticó mucho la megaproducción que resultó y que la mayoría de los sponsors estuvieran ligados al gobierno a través de contratos, como Volkswagen, Odebrecht, Grendene...

-La composición financiera para la filmación costó 12 millones de reales (unos 7 millones de dólares), de los cuales la mayoría fue de socios cinematográficos. Globo Filmes puso 1,5 millones; Europafilms aportó 2,5 millones; y nosotros, los Barreto, pusimos 4 millones gracias a un préstamo bancario. El resto del dinero vino de los sponsors, en muchos casos a través de la colocación de productos, y otros patrocinadores facilitaron instalaciones para filmar. Siempre encaramos nuestros proyectos pensando en hacer la película con todos los recursos técnicos y artísticos para tener un producto competitivo y en función de las historias, no en hacer una película de producción exhibicionista.

-¿Cuál fue la reacción de Lula al ver el film?

-Quedó muy emocionado. Cuando terminó, no tenía voz para hablar. Para él fue como una sesión de psicoanálisis ilustrado.

Hoy, con "Lula, el hijo del Brasil" ya en alquiler y a la venta en copias piratas, se cree que la han visto unos 5 millones de brasileños. Han ayudado mucho los líderes sindicalistas del interior y todo el aparato del Partido de los Trabajadores, que la muestran sobre camiones en plazas de pueblos, al aire libre.

En tanto, los productores están en negociaciones con Globo y otras cadenas de televisión para transformar el guión original en una miniserie. Dependerá cómo quede el ambiente político tras las elecciones generales del 3 de octubre.

Por lo pronto, la cinta comenzó a estrenarse comercialmente fuera de Brasil, con la Argentina como trampolín, ya que Costa Films, de Eduardo Costantini (h.), es uno de los coproductores y tiene a su cargo la distribución para América latina.

"Mi expectativa con el estreno en la Argentina es de una buena recepción inicial de los formadores de opinión, porque no existe la pasión política que hubo aquí y los argentinos tienen una buena imagen de Lula en todas las clases sociales, según he podido constatar por mis visitas. Estoy seguro de que será mejor entendida que aquí", destaca Barreto.

En los Estados Unidos recién se estrenará en febrero próximo, pero el presidente Barack Obama ya pidió verla. Y Barreto le envió una copia subtitulada a través de la embajada en Brasil. "No sé si ya la vio. Creo que su historia es tanto o más interesante que la de Lula".

Por Alberto Armendariz (Corresponsal en Brasil)
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QUIEN ES QUIEN DETRAS DE CAMARAS
Fabio Barreto (director)

Nacido en Río de Janeiro en 1957, el hijo de Luiz Carlos Barreto dio sus primeros pasos en el cine como actor en los films experimentales de su hermano mayor, Bruno, director de éxitos como Doña Flor y sus dos maridos y Ultima parada 174. Fue asistente de dirección del maestro Carlos Diegues en Bye Bye Brazil y luego comenzó una nutrida carrera como guionista, productor y director de nueve películas. La primera película que dirigió, India, la hija del sol, fue presentada en el Festival de Cannes, y luego, en 1995, El cuarteto fue nominada a un Oscar a la Mejor Película Extranjera. Padre de tres hijos, está casado desde 2003 con la actriz Deborah Kalume, a quien dirigió en varios episodios de la versión brasilera de la serie televisiva Amas de casas desesperadas. El 19 de diciembre último, poco antes de estrenarse Lula, el hijo del Brasil, sufrió un accidente automovilístico que lo dejó en coma. Tras un intenso tratamiento hospitalario, se recupera en su casa, pero sigue inconsciente.
Luiz Carlos Barreto (productor)

Ex periodista, fotógrafo, director y guionista, es considerado una figura clave del Cinema Novo, que revolucionó el cine en América latina, y es hoy uno de los mayores productores de Brasil junto a su esposa, Lucy, y a su hija Paula. Juntos han producido más de 80 películas, entre ellas, Doña Flor..., Qué sabroso era mi francés, Asalto al tren pagador y las nominadas al Oscar Cuatro días en septiembre y El cuarteto, de sus hijos Bruno y Fábio, respectivamente. Nacido en 1928 en Ceará, en el nordeste del país, es el patriarca de una amplia familia que se ha dedicado al cine; no sólo sus tres hijos, sino también sus nietas Helena y Julia.
Eduardo Costantini hijo (coproductor)

A través de su productora, Costa Films, fundada en 2006, el hijo del empresario y mecenas artístico argentino Eduardo Costantini produce, financia y distribuye películas con talentos latinoamericanos alrededor del mundo. Su primera incursión fue con la exitosísima Tropa de elite, dirigida por el brasileño José Padilha; le siguieron The Burning Plain, de Guillermo Arriaga, y Lula, el hijo del Brasil, de Barreto. En carpeta se trae la gran producción de Noticias de un secuestro, dirigida por el mexicano Pedro Pablo Ybarra y basada en el libro de Gabriel García Márquez. Además, está desarrollando el proyecto Two/One, del argentino Juan Cabral.
Gloria Pires ("Dona Lindu", la madre de Lula)

Nacida en 1963, la carioca Gloria Pires es una de las caras más reconocidas de la TV y el cine de Brasil. Desde su debut en la telenovela a los cinco años, ha realizado numerosas novelas y miniseries, pero también posee una sólida carrera en la pantalla grande, con películas como India, la hija del sol, El cuarteto, Memorias de la cárcel, Pequeño diccionario moroso, y los éxitos de taquilla Se eu fosse você I y II. Su hija, la actriz Cléo Pires -de su primer matrimonio con el cantante Fábio Jr.- también participó en Lula, el hijo de Brasil", como la primera esposa de Lula, Lourdes.
Rui Ricardo Dias (Luiz Inácio Lula da Silva)

Para este oriundo de Minas Gerais, de 32 años, encarnar al líder sindicalista que se convirtió en el actual presidente de Brasil representó su debut cinematográfico. Antes había trabajado en teatro en San Pablo, tomó cursos de mimo en Londres y apareció en 9mm de São Paulo, la primera serie policial producida por Fox Brasil.

sábado, 25 de setembro de 2010

Na avenida Santa Fé, em Buenos Aires...





Fotos: Miguel Arcanjo Prado

Crítica do LA NACIÓN

Retrato sin matices del presidente de Brasil

Más cerca del manual de historia que del cine


Por Natalia Trzenko

Lula, el hijo de Brasil (Lula, O Filho do Brasil, Brasil-Argentina/2009). Dirección: Fábio Barreto. Con Rui Ricardo Diaz, Glória Pires, Cléo Pires, Juliana Baroni, Milhem Cortaz, Lucélia Santos, Antônio Pitanga. Guión: Daniel Tendler, Denise Paraná, Fernando Bonassi, basado en el libro Lula, O Filho do Brasil, de Denise Paraná. Fotografía: Gustavo Hadba. Música: Antônio Pinto y Jaques Morelenbaum. Edición: Letícia Giffoni. Dirección de arte: Clóvis Bueno. 128 minutos. Apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular

La increíble historia de vida de Lula Da Silva se merecía una película mejor, más interesante y profunda que Lula, el hijo de Brasil . Desde el humilde comienzo en el estado de Pernambuco hasta llegar a la dirigencia del sindicato de obreros metalúrgicos, cada episodio de la vida del presidente de Brasil es mostrado como si se tratara de un manual de historia escrito por su biógrafo oficial.

El relato comienza en una choza dónde nace Luiz Inacio, séptimo hijo de padres campesinos y analfabetos que más tarde mudan a toda su prole a Santos, en San Pablo. Allí, el espíritu luchador de la madre, doña Lindu, interpretada con maestría por Glória Pires, contrasta con la violencia y el alcoholismo del padre, un villano sin matices que persigue a sus hijos a golpes cuando descubre que van a la escuela.

De los humildes comienzos a la adultez con empleo y título de técnico tornero, según la película Lula va por la vida tranquilo a pesar de ser víctima del desempleo y un accidente de trabajo que mutila su mano. Así, aunque el film intenta mostrar al político bajo la luz más favorable, de hecho, el guión lo representa apático y poco interesado en la realidad de su país. Algo que cambiará cuando su primera esposa y su primogénito fallezcan y él comience a dedicarle todos sus esfuerzos al sindicato para evitar pensar en su tragedia.

Al actor debutante en cine Rui Ricardo Diaz le tocó la complicada tarea de interpretar al actual presidente de su país además de una figura de peso para la política internacional y el imaginario de toda una región. A pesar del desafío, Díaz logra un retrato creíble hasta donde el limitado y superficial guión y la poco inspirada tarea del director Fábio Barreto se lo permiten.

Más allá de la razonable dificultad de reproducir en un largometraje la vida de una persona pública en la plenitud, los realizadores de Lula , apenasaprovechan las posibilidades cinematográficas que esa vida les provee. Cuando lo hacen, como en la escena en la que Lula habla sin micrófono ante una multitud que repite sus palabras para que lo escuchen a la distancia, se puede vislumbrar la película que podría haber sido y no es.

Crítica do CLARÍN

Errores del amor ciego

Crítica “Lula, el hijo del Brasil” Es antes propaganda política que una buena película

Por Pablo Scholz

A veces, cuando se pretende homenajear a una figura, el resultado, en lugar de vanagloriarla, la destiñe. Es lo que sucede en Lula, el hijo del Brasil , rodada y estrenada en pleno auge de popularidad del líder brasileño, y cuyos déficits son superiores a algunas cuestiones propias de una megaproducción como ésta.

La película es un panegírico sobre Luis Inacio Lula da Silva, desde su nacimiento hasta que alcanza la primera magistratura del país vecino. Son cinco décadas también de historia brasileña, contada a grandes pinceladas con todos los clisés, y tratando de pivotear en distintos aspectos de la vida y trayectoria del líder metalúrgico. Se pasa por el abandono y el posterior maltrato del padre de Lula hacia él, su madre y sus numerosos hermanos (el propio Lula dijo, ante el estreno en Brasil, no recordar que su progenitor fuera tan violento), el viaje a San Pablo, su primer amor, las penurias económicas, inundaciones, el nacimiento de su hijo muerto y el deceso de su primera esposa, su casamiento, la relación con su madre, los compañeros del sindicato y el rápido ascenso político.

Es claro el deseo de Fábio Barreto, el director, por ensalzar a su protagonista, desde lo enérgico que lo pinta para comandar las masas hasta lo “canchero” que resulta al seducir a la que será su segunda esposa. La escena en la que Lula se saca de encima a un pretendiente de ella, es elocuente. Lo que no se ve es su ambición por presidir Brasil: sólo al final, con sobreimpresos, se cuenta que falló en tres intentos por ser electo. “Necesito tener ocupada mi cabeza” es todo lo que se le escucha decir, antes de postularse como primer secretario de su sindicato, luego de las muertes de su esposa e hijo. Están las huelgas, el golpe de Estado, la fuerte presencia de su madre, su devoción por el Corinthians, la cárcel y el acceso a la presidencia, todo enmarcado en una biopic partidista. Rui Ricardo Diaz no está mal interpretando a Lula, pero no logra levantar el entusiasmo en los 127 minutos que dura esta coproducción argentina brasileña (Costa Films, por nuestro país). Cuestión al margen, el filme se estrenó en Brasil este año, en el que se está a punto de elegir nuevo presidente tras dos mandatos de Lula. Vista como propaganda política, se entiende. Pero si no...

LA FICHA

Lula, el hijo del Brasil
Drama (Brasil, Argentina, 2010) 127’ SAM 13 Direccion Fábio Barreto Interpretes Rui Ricardo Diaz, Glória Piers salas Abasto, Cinemark Palermo, Showcase Belgrano
Regular

sábado, 18 de setembro de 2010

Direto de Buenos Aires: Um problema chamado Galvarino Apablaza



O governo da Argentina está metido em uma crise diplomática com o Chile. O motivo é o ex-guerrilheiro chileno Galvarino Apablaza. Preso e expulso do país por Pinochet, ele foi estudar guerrilha em Cuba. Depois, lutou na Nicarágua. O problema começou quando ele regressou ao Chile, já democrático. No começo dos anos 90, descontente com os rumos da política ele resolveu matar um senador. Depois, sequestrou o filho do dono de um jornal. Tudo em nome da esquerda. Mesmo estando o país debaixo da democracia. É óbvio que a Justiça chilena quer o guerrilheiro em seu devido lugar: atrás das grades. Só que Cristina Kirchner e seu marido, Nestor, têm olhares complacentes com o moço, tratado quase como um herói. Tanto que, temendo a extradição, quer manter o status de exilado político na Argentina. Haja diplomacia!

Para entender melhor o comportamento de Cristina, que titubeia em mandar Apablaza para o Chile, leia o livro abaixo:

sexta-feira, 17 de setembro de 2010

Direto de Buenos Aires: Pra quem curte um bom samba...

Que Dona Ivone Lara é a rainha do samba todo mundo sabe. Eu, pelo menos, sei desde que nasci, já que vovó Oneida a venerava. Mas o melhor disso é poder ver a própria em ação no DVD "Canto de Rainha", o primeiro e único da carreira da matriarca de nossa música. Ela é reverenciada por nomes como Caetano Veloso, Gilberto Gil e Zeca Pagodinho, que fazem belíssimos duetos com a diva da MPB. Quem não viu está perdendo!

quarta-feira, 15 de setembro de 2010

Chau Lula: La felicidad no tiene fin

(Os argentinos amam Lula. Que bom...)

Publicado en El Clarín - Buenos Aires, Argentina - 12/09/10

A tres semanas de las elecciones en Brasil, Clarín recorrió el emblemático estado de Pernambuco, que salió de la miseria en la presidencia de Lula, autor de una transformación social sin precedentes.

Por Gustavo Sierra
RECIFE. BRASIL. ENVIADO ESPECIAL


BANDERITAS DE BRASIL. Portadas por chicos que fueron a festejar el Día de la Independencia. En el pueblo donde nació Lula, todos le agradecen la gestión

Palabra de la sucesora: “El Brasil de hoy respeta los contratos firmados”

¿Por quién va a votar?

-Por Lula.

-Pero si Lula no es candidato.

-No importa. Yo voto por Lula.

El diálogo absurdo se repite decenas de veces. La gente más pobre del nordeste de Brasil no repara en formalidades. Cree en un solo político. Uno como ellos que gobernó en los últimos ocho años y que logró que 90 millones de personas tuvieran algún tipo de ascenso social.

-Y si Lula no aparece en la boleta, ¿por quién va a votar?

-Por Dilma, que es Lula.

Dilma Rousseff, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) del presidente Lula da Silva, que lidera las encuestas para las presidenciales del 3 de octubre con un 50% de intención de votos y supera a su rival más próximo el socialdemócrata José Serra por más de 22 puntos, pasa a representar al líder por el que toda esta gente esparcida por la mítica tierra de Pernambuco hoy le pide que se quede, o por lo menos, que se convierta en el garante de que nada va a cambiar. Lula está dejando su gobierno con un 77% de aprobación a nivel nacional y un inédito 96% en esta región del nordeste.

Y es que nunca antes en la historia de este país se había producido una transformación social y económica como la que se vivió en los últimos 15 años, con la estabilidad que trajo Fernando Henrique Cardoso y, por sobre todo, la redistribución realizada en los ocho años de Lula. El PBI brasileño va a crecer este año, al menos, un 7%, una de las mayores expansiones detrás de China. De acuerdo al FMI, en la última década Brasil tuvo un aumento de un 163% en su renta per cápita. En el 2011 se prevé que traspasará la maravillosa barrera de tener cada brasileño un promedio de 10.000 dólares al año. Un ejemplo concreto de que este crecimiento está llegando a los más pobres puede ser el de la cifra de planchas y licuadoras vendidas sólo en el primer semestre de este año: 10,3 millones. O que en este 2010 hay 22 millones de familias reformando o construyendo sus casas. O que el uso de tarjetas de crédito aumentó un 20% en el año, el crecimiento más grande registrado en el planeta.

Y todo esto, por supuesto se traduce en la felicidad y el bienestar de muchos. En la calle Alfonso Pena del tradicional barrio de Boa Vista, en el centro de Recife, me encuentro con un grupo de vecinos jugando al dominó frente a un conventillo medio derruido. Los cuatro jugadores Valmi, Fernando, Beté e Isa, que van de los 20 a los 50 años, coinciden en que están mejor que hace cinco años. “Lula es legal”, dice Valmi y todos dicen “si, si” ríen y levantan el pulgar tratando de que las piezas no se les caigan de las manos. “Hay trabajo, hay subsidios para estudiar, hay crédito…Lula lo hizo bien. Lo hizo por nosotros”, remata Fernando que viene de un pueblo del sertao pernambucano cercano a donde nació el presidente.

La revista Istoé hablaba hace algunas semanas de “la generación del bienestar” y decía que existe un consenso entre los economistas de que hay una relación muy estrecha entre el aumento de la renta de las personas y la sensación de felicidad, particularmente en los países en desarrollo. En un país rico tener un poco más o menos de dinero no hace grandes diferencias. En cambio, para los que no tienen nada, como era la situación de casi 100 millones de brasileños hasta la década pasada, un subsidio de unos pocos reales significa un cambio profundo. Y la clave de esto está en la llamada “Bolsa Familia” un subsidio que da el gobierno a todas las madres pobres proporcionalmente a la cantidad de hijos y los estudios que éstos realicen. “Este programa es una transferencia directa de recursos que beneficia a 42 millones de personas. Nunca antes había sucedido algo así. Es la mayor redistribución de ingresos jamás emprendida aquí”, explica Ermani Carvallo, coordinador del programa de posgraduados de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Pernambuco.

Susana Helia es una chica de 25 años, con tres hijos pequeños y otro por nacer en unos pocos días. Se mueve entre la gente del mercado popular de Santo Antonio. “Hoy cobré el Bolsa Familia. Recibo 185 reales (115 dólares) por los meninos. Vine a ver si puedo comprar un poco de carne barata. En la favela donde vivo todo es muy caro”, dice Susana, mientras sus hijas juegan con el agua podrida de la calle. No le alcanzará para todo el mes, pero esos 185 reales son sólo de ella y los niños. Su marido, alcohólico, no los puede cobrar. Una vez que tenga al nuevo bebé se va a anotar en una escuela de peluquería gratuita para intentar cambiar de vida: “Hay mucho trabajo en peluquería”. Dice no saber nada de política pero que va a “votar por Lula”. “Gracias a él mis hijos pueden comer”, dice con los ojos brillosos, junto a un árbol.

Y no son sólo los más pobres. Los empresarios apoyan en un porcentaje muy alto al gobierno del socialista PT. Tomo una caipirinha con el constructor Manoel Nunes en el bar Central del barrio de Santo Amaro. Él cuenta que está levantando 1.500 casas en tres pueblos alrededor de Recife y que nunca antes hizo tan buenos negocios. “Cuando Lula llegó al gobierno, la verdad es que teníamos miedo. Pensé que era un loco izquierdista. Pero poco tiempo después me di cuenta que era un gran líder y muy centrado. Comenzó a dar crédito y muchos trabajadores salieron a buscar casas. El negocio creció a una velocidad increíble. Hoy tengo 1.000 personas trabajando directa o indirectamente conmigo”, dice. Se refiere al financiamiento inmobiliario que en los primeros seis meses de este año sumaron 3.400 millones de reales, unos 2.000 millones de dólares.

Nunes también habla del desarrollo en el interior. Voy a comprobarlo. Hago 250 kilómetros por la ruta 232 hasta Arcoverde y doblo en la 424 para pasar por Caetés, el pueblo donde nació Lula, y luego retornar por Garanhuns hacia Recife. Hasta hace 20 años esto era un desierto. Millones de personas escapaban de la pobreza y se iban a San Pablo, la gran ciudad industrial del país. Hoy, esta geografía se modificó. Un acueducto que traspasa la zona hizo posible que se desarrollara la agricultura. Y a su alrededor florece una agroindustria de nivel internacional gracias a los incentivos que dio el gobierno para zonas desprotegidas. A esta región, que era históricamente la más desprotegida, se le transfirió más riqueza que a cualquier otro punto del país. El sertao pernambucano está desconocido. Y no es sólo agricultura. El puerto de Suape ya tiene 70 grandes compañías internacionales trabajando allí; construye más de 20 barcos y levanta una refinería impresionante junto a capitales venezolanos.

De regreso a Recife me topo con otro buen ejemplo de progreso. Josue de Oliveira, 48, sale de la casa de materiales de construcción Achaqui, en la calle Duque de Caxias. Lleva varias latas de pintura, bolsas de yeso y diluyentes. También cuatro chapas de zinc. Parte de la pintura es para un vecino al que le está haciendo un trabajo de reparación. El resto, es para levantarse una mediagua en el barrio de Baixada, donde vive con su mujer y seis hijos. “Siempre construí para otros. Ahora voy a hacer una pieza bien legal (muy buena) para mis hijas más grandes”, comenta Josue mientras sube las latas en la camioneta destartalada de un amigo. Camino a su barrio tendrá que pasar el puente sobre el río Capibaribe donde podrá ver una enorme favela levantada sobre pilotes que son arrasados con cada crecida. Allí la pobreza tradicional brasileña que afecta al 40% de la población sigue intacta. Hasta ese lugar todavía no llegó el crédito ni la posibilidad de construir nada. “No hay trabajo para gente como yo. Ahora hay que ser un operario especializado para que te tomen en una constructora. Y el Bolsa Familia no da para que comamos los diez que somos nosotros. Nos obligan a salir a robar”, dice Luiz, un garoto de 21 años y un rostro curtido por la vida en la entrada de la Ilha do Leite.

Las voces críticas también se hacen escuchar dentro de la campaña electoral. El martes pasado, en los festejos del Día de la Independencia marcharon por la avenida Boa Vista las organizaciones de izquierda extraparlamentaria que piensan que el gobierno dejó a mucha gente fuera del progreso. Una enorme columna, llena de color y música, con una gran bandera en la que se leía “El grito de los excluidos”, avanzaba lentamente. Muchos exhibían carteles a favor de la candidatura de Dilma. ¿No es esta una gran contradicción?, pregunté a Roberta da Silva, una mulata que bailaba entusiasmada. “No, nosotros somos el apoyo crítico del PT. Pensamos que hay que profundizar las políticas sociales y hay que empezar a perjudicar un poco más al capitalismo. Votamos por Dilma para que lo haga”, dice antes de seguir sambando.

El profesor Marcos Costa Lima, del Centro de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Pernambuco, explica así lo que sucede. “La verdad es que Lula arrasa con toda la política. Hay muy pocos que se atreven a enfrentarlo. La gran mayoría de los coroneles (caudillos) locales presentan candidatos propios a nivel estatal pero apoyan a Dilma a nivel nacional”, sostiene. “Por eso es bueno que exista una oposición que presione. Acá aún queda pendiente una gran reforma política que modernice el sistema. Y también una reforma de la tenencia de la tierra. Si Dilma no emprende esto que le quedó pendiente a Lula, le va a ser difícil avanzar”, afirma Costa Lima. “Nos falta mucho por hacer -explica Jorge Pérez, el veterano líder del PT de Pernambuco y ex diputado, cuando charlamos en su oficina comiendo abacaxi (ananá) dulce- pero lo que hicimos fue monumental. Tenemos orgullo como generación por lo que estamos haciendo en términos históricos”.

A pocos metros de donde marchan los “excluidos” se desarrolla el desfile oficial que comienza con el paso de decenas de fantásticas bandas de las escuelas secundarias de Recife y termina con una parada militar. Unas 20.000 personas están en las tribunas. Agitan banderas verde-amarelas y se mueven con enorme gracia ante los diferentes ritmos. Me subo a una de las gradas y hago una pequeña encuesta. Todos dicen estar mucho mejor que hace ocho años. La mayoría cuenta que en los últimos meses compró a crédito lo que siempre había soñado con tener. Esto explica que entre enero y julio se hayan vendido 1,9 millones de autos fabricados enteramente en el país. En el mismo período se vendieron 6,4 millones de televisiones. A fin de año se habrán vendido 14 millones de computadoras, lo que convierte a Brasil en el tercer mercado mundial detrás de Estados Unidos y China. Y para la Navidad, las asociaciones nacionales de comerciantes prevén vender por 9.800 millones de reales (5.700 millones de dólares).

Pasa la banda de la escuela Pessoa tocando A Felicidade, el tradicional samba de Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes. “Tristeza nao tem fim, felicidade sim”, tararea la familia Oliveira que tengo a mi lado. Pero acá bajo este sol de primavera, con la brisa que llega de la bahía, los chicos desfilando con enormes sonrisas, la gente tranquila y divertida, pareciera que lo único que no tiene fin es esta felicidad que está disfrutando hoy la mayoría de los brasileños.

sábado, 11 de setembro de 2010

La Mirada Invisible y Los Pecados de Mi Padre



Estou de férias, já há quatro dias em Buenos Aires. Resolvi aproveitar este sábado à noite para ver um filme do qual os dois jornais daqui, o Clarín e o La Nacíon, falaram bem. Trata-se do ótimo "La Mirada Invisible".

A obra é um verdadeiro soco no estômago da hipocrisia que reinava nos tempos da ditadura e volta e meia tenta retornar, com seu culto às regras mediocrizantes. O diretor é Deigo Lerman.

Julieta Zylberberg (a lindíssima da foto acima) arrasa como a protagonista, Maria Teresa, uma professorinha virgem que gosta de se esconder no banheiro masculino do colégio para espiar um de seus alunos, pelo qual nutre uma paixão platônica. Omar Nuñez mostra o talento de sempre como um diretor que representa aquela idiotice chamada "moral e bons costumes", cujo fundo a gente já sabe que é um monte de podridão.

Abaixo, o trailer. Se puder, assista. É realmente ótimo!





Ontem, fui à mostra Panorama Colômbiano do Palais de Glace e assisti a outro filme também muito bom. Dessa vez, o documentário "Los Pecados de Mi Padre", no qual Sebastián Marroquín (o moço da foto acima) passa a limpo a vida de seu pai, Pablo Escobar, o mais famoso narcotraficante do mundo que, no fim da década de 1980, controlou 80% do tráfico de cocaína do mundo todo.

Ao fim da projeção, descobri que estava sentado o tempo todo ao lado da viúva de Pablo Escobar, María Isabel Caballero. Tanto ela quanto seu filho, hoje um arquiteto respeitado, vivem em Buenos Aires. Mas passaram por maus bocados até chegarem aqui, como bem mostra o filme.

Sebastián apareceu após os créditos finais em carne e osso e pegou uma plateia emocionada com o conteúdo maior do documentário: o pedido de perdão dele aos filhos de Luis Carlos Gallán, líder político colombiano que seu pai mandou matar.

Ao fim do debate, Sebastián me contou por que aceitou fazer o filme: "Quis que nada sobre a vida de meu pai ficasse oculto, porque queria construir uma mensagem através da história de vida dele, para que ela não se repita. Achava muito egoísta da minha parte não compartilhar a lição de vida que aprendi. Quero que esse filme seja visto pela maior quantidade possível de jovens, para que ele ajude a mudar o futuro."

Faz ele muito bem. Para quem se interessou pelo documentário dirigido por Nicolás Entel, abaixo, o trailer:

sábado, 4 de setembro de 2010